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jueves, 16 de abril de 2015

La Torá es la herencia del pueblo hebreo.

Para los hebreos, la Torá es nuestra herencia eterna. Nos fue legada desde el pasado para ser utilizada en el presente para lograr un mejor futuro. La conexión entre el pueblo hebreo y la herencia de la Torá es sumamente profunda. El propósito más básico del estudio de la Torá es inculcar una valoración de esta profundidad. Por esta razón, éste es el primer versículo que se supone que un padre debe enseñarle a su hijo.

El pilar central de la Torá que se le enseña al joven es que la Torá es su herencia.

Enseñaron nuestros Rabinos: Cuando el niño tiene la edad suficiente… para hablar – su padre debe enseñarle Torá y la lectura [de la plegaria] del Shemá. ¿Qué Torá le enseña? Dijo Rab Hamnuna: "La Torá que Moshé nos ordenó es la herencia de la Congregación de Iaakov".

¿Qué es lo que debe suponer para nosotros el hecho de que la Torá sea nuestra herencia? La mayoría de los judíos saben que ellos son judíos porque descienden de personas que nacieron judías o que se convirtieron al judaísmo. En el mundo moderno en el cual vivimos, ¿qué diferencia tiene de dónde venimos o qué es lo que nuestros antepasados creían y practicaban?

La identidad moderna es como una biblioteca…

En algún momento, cada uno de nosotros debe decidir de qué manera vivir nuestras vidas. Tenemos muchas opciones, y no hay otra generación en la historia que haya tenido una mayor variedad de opciones. Podemos vivir para el trabajo, para el éxito, para la fama o para el poder. Podemos tener una serie completa de estilos de vida y relaciones. Podemos explorar una miríada de distintas fes, misticismos o terapias. Hay sólo una restricción: que sin que importe demasiado de ninguna otra cosa que tengamos, tenemos una sola vida y es breve. Cómo vivimos y para qué vivimos es la decisión más fatídica que realizamos...

Imagina que estamos en una amplia biblioteca. En cada dirección que observamos hay estanterías. Cada columna tiene estantes desde el piso hasta el techo, y cada estante está repleto de libros. Estamos rodeados por el registro de los pensamientos de muchas personas, algunos grandiosos, otros no tanto, y podemos estirar la mano y tomar cualquier libro que deseemos. Todo lo que tenemos que hacer es elegir. Comenzamos a leer y por un rato estamos inmersos en el mundo, real o imaginario, del escritor. Puede intrigarnos lo suficiente como para llevarnos a buscar otros libros del mismo autor, o tal vez otros libros sobre el mismo tema. Alternativamente, podemos buscar un tema diferente, un enfoque diferente; no hay ningún límite. Una vez que el libro deja de interesarnos, podemos volver a colocarlo en el estante, donde esperará hasta que lo elija el siguiente lector. No nos reclama nada. Es sólo un libro.

Exactamente esto es lo que representa la identidad para la cultura secular occidental contemporánea. Somos curiosos en una biblioteca. Hay muchas maneras diferentes de vivir, y ninguna de ellas nos obliga de manera particular… Los diversos estilos de vida que adoptamos son como los libros que leemos. Siempre tenemos la libertad de cambiarlos y volver a dejarlos en el estante. Se trata de aquello que leemos y no de lo que somos.

Si la Torá es realmente nuestra herencia, entonces esto significa que no es igual a cualquier otro libro en la biblioteca. No es sólo aquello que leemos.

El Legado hebreo es un libro que lleva grabado nuestro propio nombre en el lomo.

La Torá nos pide concebir una posibilidad completamente diferente. Imagina que, al buscar un libro en la biblioteca, encuentras un libro que a diferencia de los demás atrae tu atención porque en su lomo está escrito el nombre de tu familia. Intrigado lo abres y ves muchas páginas escritas por diversas manos en distintos idiomas. Comienzas a leerlo, y gradualmente comienzas a entender de qué se trata. Es la historia que cada generación de tus antepasados relató para la siguiente generación, para que cada uno que naciera en la familia pudiera saber de dónde viene, qué les ocurrió, para qué vivían y por qué. Vas pasando las hojas hasta llegar a la última página que no tiene nada escrito fuera del título: tu propio nombre.

De acuerdo con las convenciones intelectuales de la modernidad, esto no debería marcar ninguna diferencia. No hay nada en el pasado que pueda unirte con el presente, ninguna historia que pueda marcar alguna diferencia con respecto a quién eres y quién tienes la libertad de ser. Pero esta no puede ser toda la verdad. Cuando me encuentro teniendo este libro entre mis  manos, mi vida ya ha cambiado. Al ver mi nombre y la historia de mis antepasados, ya no puedo leerlo como si se tratara simplemente de una historia más en medio de tantas otras... Una vez que ya sé que existe ya no puedo volver a dejar el libro en el estante y olvidarme de él, porque ahora ya sé que  soy parte de una larga línea de personas que viajaron hacia cierto destino y cuya travesía permanece incompleta, dependiendo de mí para seguir llevándola adelante...

Esto es más que un ejercicio de la imaginación. Este libro existe y ser hebreo implica ser una vida, un capítulo de él. Este libro contiene el conocimiento respecto a quién soy y tal vez es la cosa más importante que me pueden dar.

La Torá es nuestra herencia; es la suma total de los logros y aspiraciones de nuestro pueblo y, más fundamentalmente, nuestra identidad y nuestro propósito en este mundo. Teniendo esto mente es que presentamos esta Introducción al Proyecto Educativo de nuestra Escuela, más de 120 clases que cubren un amplio rango de lo que las Escrituras hebreas puede enseñarnos sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

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