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jueves, 22 de enero de 2015

Obstáculos para el desarrollo de una actitud correcta en el estudio bíblico.

Shalon Javerim:

 En las consideraciones que haremos en este escrito, no pretendemos, ni mucho menos, una exhaustiva explicación de los obstáculos psicológicos y socioculturales que dificultan adquirir -ir adquiriendo- una actitud correcta de estudio racional de las escrituras  como estilo de vida....Son simples notas y apuntes para la reflexión de quienes se inician en el campo de la investigación racional de las escrituras.


Hay personas que tienen un buen dominio de métodos y técnicas de estudio, una excelente formación teológica y hasta pueden ser ideológicamente innovadores, pero... psicológicamente son dogmáticos y culturalmente provincianos. Unos porque lo interiorizaron en sus prácticas religiosas, que les imprimieron hábitos autoritarios, otros porque fueron enseñados con esquemas autoritarios y no han sido capaces de tomar distancia de su propio proceso de aprendizaje o bien porque el dogmatismo interiorizado les ha puesto anteojeras. En otros casos, la estreches intelectual los incapacita para ser conscientes de su ombliguísmo (todo es valorado desde su propia mirilla intelectual), que no es mas que una forma de provincianismo cultural.

Nosotros vamos a examinar cuatro obstáculos principales al desarrollo de una actitud correcta en el estudio de las escrituras:
1.       el dogmatismo,
2.      el espíritu de gravedad,
3.      el provincianismo intelectual y
4.      el uso de los argumentos de autoridad.

Dogmatismo. Es un modo de funcionamiento cognitivo totalmente contrapuesto al modo objetivo de conocer la realidad. Se expresa en la tendencia a sostener que los propios conocimientos e interpretaciones son verdades incontrovertibles. Para el dogmático, la doctrina que sostiene escapa a cualquier discusi6n. Con ella valora los hechos a priori de la observación de los mismos, y plantea soluciones aplicando a ciegas y mecánicamente los principios doctrinales, sean judíos, cristianos o de cualquier otra concepción doctrinal.

Como el dogmatismo conduce a una mentalidad cerrada, solo se pueden ver de la realidad aquellos aspectos 0 elementos que coinciden con el «esquema incuestionable» de interpretación de las escrituras. En algunos casos, se sustituye sin mas la observación de la realidad histórica contextual con la simple recurrencia a los «conceptos sagrados adquiridos» de la doctrina del líder espiritual (que reviste la forma de dogma). El dogmático siempre apela al «deposito» de los conocimientos adquiridos, a los que considera como verdades consagradas e indiscutibles’ y trata de reforzarlo con el simple decir “la biblia dice”.

Además, por su estructura mental y carácterial, el dogmático es sectario: no entiende ni tolera a quienes no pertenecen a su secta, con prescindencia, mas 0 menos total, de la verdad que puede haber en las argumentaciones y razonamientos de «los otros».

Puede decirse, por consiguiente, que el dogmático no razona, de ahí que no responda con argumentos, datos, hechos, sino que recurra al fácil expediente de poner etiquetas, descalificando todo los que no pertenece a su secta. Es común oír decir al dogmático: “esa son filosofías humanas” o también “el conocimiento envanece”, u otras frases por el estilo.

Aquí aparece su otra característica: la propensión excomulgatoria (extra ecclesia non est salut fuera de la iglesia no hay salvación). Fuerte 0 suave, en el dogmático siempre flota un cierto olorcillo a nauseabunda inquisición. Todo esto adquiere un carácter tragicómico cuando el dogmático -que es inepto e inapto para el trabajo espiritual- tiene la osadía de darse aires de ungido, autodenominándose maestro, apóstol o profeta.

Seguro en la ignorancia, segrega de su castración juicios definitorios. Además, cuando el sectario es liberal, se siente la vanguardia, el ungido el elegido por Elohim para salvar a la humanidad. Como el sectario es la vanguardia, todo lo anterior está superado. Estos son los dogmáticos «inspirados»: quieren estar a la vuelta de todo sin haber ido nunca a ninguna parte. Piensan que con ellos comienza la historia. Si el sectario es conservador, por lo común está condenando toda la perdición del presente, al tiempo que propugna el retorno al pasado, que valora y mitifica, apegado a una tradición que no comprende ni conoce simplemente repite como loro conceptos transmitidos del pasado. Su frase preferida es: “en los últimos tiempos se levantaran falsos maestros…” y no se dan cuenta que la falsedad se inició en el pasado y se constituyó en la herencia del presente.

Cuanto se lleva dicho basta para comprender que el dogmatismo es lo mas lejano a la actitud correcta de interpretación bíblica, pues para la el estudioso, las verdades son parciales y siempre sujetas a corrección. El dogmatismo no tiene apertura a otra cosa que no sean sus dogmas, esquemas y, a veces, los simples slogans 0 estereotipos configurados en su inmadurez mental y espiritual.

Un segundo obstáculo -muy parecido al anterior y que casi siempre va unido a el- es lo que Nietzsche llama el «espíritu de gravedad». Consiste en la convicción de que las actuales estructuras religiosas y su jerarquía de valores son algo indiscutible. En consecuencia, todo lo que no se acomoda, no se ajusta o no se adapta a lo ya existente constituye una anormalidad, una desviación, una manifestación patológica.

A decir verdad, el espíritu de gravedad no es sin una fachada barroca en la que se manifiesta lo que Fromm llamaba la patología de la normalidad, y que en la práctica no es otra cosa que el culto supersticioso a lo establecido y la instalación en el conformismo. Al sometimiento mental al líder de la secta.

Un individuo totalmente ajustado a la secta, conformista y acrítico, no está en condiciones de asumir una actitud correcta de estudio, parque vive «lo dado» como «lo que debe ser». Se trata de un pensamiento esclerotizado en relación con una realidad que considera inamovible, de ahí que su razonamiento se inmovilice en torno a esquemas y categorías rígidas. Por el contrario, la actitud correcta del buscador honesto de la verdad, todo lo interroga, lo investiga, lo cuestiona, lo revisa, lo reformula... hasta el propio pensamiento, y no descansa ni se conforma con respuesta dadas por los autodenominados maestros, apóstoles o profetas.

El espíritu de gravedad es una visión fijista de la realidad que produce una sacralización de valores e instituciones; el espíritu correcto, en cambio, es una invitación a la desinstalación constante a medida que se desvelan nuevos aspectos 0 dimensiones de la realidad. En otras palabras, el espíritu de gravedad cumple de hecho una función sacralizadora del statu quo; el espíritu correcto de estudio, por el contrario, desacraliza la realidad con una criticidad abierta hasta un horizonte sin límites, dentro de la dinámica de la provisoriedad que se da en el proceso histórico. El espíritu de gravedad conduce a lo que Popper considera el oscurantismo y anquilosamiento de la «sabiduría convencional»: deja de lado la marcha de los acontecimientos, la evolución de la realidad y apela a «su depósito» de verdades consagradas. Y con ellas sigue interpretando el mundo o las escrituras.

Vinculado a lo anterior, aparece un tercer obstáculo: provincianismo intelectual. Es la tendencia a ver los procesos doctrinales, valores, costumbres, instituciones, papeles ceremoniales y rituales, y todo aquello que forma parte de una organización bajo la óptica de la propia cultura o comprensión intelectual.

Este modo de ver las cosas es lo que los antropólogos han denominado etnocentrismo, indicando con este término una visión de la realidad distorsionada por la mirilla de los valores culturales del propio grupo, pues se trata de un modo de «ver» los otros grupos partiendo del supuesto de que las propias pautas culturales constituyen la forma correcta de pensar y de actuar. La manera concreta como cada cultura condiciona la manera de ver la realidad da lugar a diferentes y variadas formas de provincianismo intelectual.

Como un aspecto parcial de este problema, también se presentan como obstáculos las distorsiones provenientes de la propia subcultura doctrinal, expresadas frecuentemente en las simplificaciones y reduccionismos, ya sean psicologismos, sicologismos, economicismo, ortodoxismo, etc., y en actuar como si la interpretación que cultivamos fuese capaz de dar respuesta a todos los problemas o, lo que es más frecuente, considerarla como la más importante.

El uso de los argumentos de autoridad. Apelar a argumentos de autoridad para reflexionar sobre la realidad es una forma de dejar de lado esa realidad. Frases como: “El hermano pastor dijo, o el profeta, o apóstol, etc.” son frecuentes en los seguidores del uso de los argumentos de autoridad. «La falsa erudición», advertía Claude Bernard, «al colocar la autoridad del hombre en lugar de los hechos, mantuvo a la ciencia durante siglos a la altura de las ideas de Galeno, sin que nadie se atreviese a tocarlas»; y esta superstición científica fue tal que Mundini y Vesalio, que fueron los primeros en contradecir a Galeno confrontando sus opiniones con disecciones de animales, fueron considerados innovadores y revolucionarios. Así mismo en el entorno religioso los “iluminados o ungidos” mantienen a sus seguidores en la mas absoluta dependencia mental y espiritual al convencerles que sus doctrinas son el producto de la revelación divina, “Dios me dijo” es la palabras mas usada por e tos embaucadores.

Recurrir a argumentos de autoridad no es citar a otros para aclarar 0 profundizar la propia manera de pensar, se puede y debe recurrir a las opiniones de otros, pero utilizandolas solo como opiniones y no como pruebas. Esgrimir argumentos de autoridad consiste en apoyar los puntos de vista propios en dogma, afirmaciones y opiniones, sostenidas por personas o instituciones (iglesia 0 partido), como si ellas tuviesen mayor validez que las evidencias históricas. Estos son los argumentos esgrimido por los rabinos talmudistas y por los pseudos profetas y apóstoles que pululan hoy día que pretenden hacer de sus opiniones o interpretaciones verdades incuestionables.

Este estilo de razonar, apoyado en argumentos de autoridad, no siempre excluye la verificación histórica, pero casi sin excepción conduce a un violentar la realidad para adaptarla a lo que dice «la autoridad», o bien a mirar la realidad de manera selectiva. Naturalmente, esta selectividad tiene un sistema de preferencia que coincide con lo que dice el apóstol, el profeta, el maestro o el líder (magister dixit) 0 la doctrina a la que se adhiere el individuo con ciega incondicionalidad.

En la historia de la ciencia, el caso de Galileo es ejemplificador, y la sentencia de la Inquisición no lo es menos (pero en sentido contrario). Bertrand Russell recuerda una anécdota de Galileo que viene muy bien para ilustrar este punto. Siendo muy joven, y profesor en la Universidad de Pisa, los profesores de la misma sostenían que un cuerpo de diez libras de peso tardaría en caer un tiempo diez veces menor al que emplearía otro peso de una libra situado a la misma altura. Una mañana subido Galileo a lo alto de la torre inclinada de Pisa, con dos pesos de una y diez libras respectivamente, y en el momento en que los profesores se dirijan con grave dignidad a sus cátedras, en presencia de los alumnos, llamó su atención y dejo caer los dos pesos a sus pies desde lo alto de la torre. Ambos pesos llegaron prácticamente al mismo tiempo. Los profesores, sin embargo, sostuvieron que sus ojos debían haberles engañado, puesto que era imposible que Aristóteles se equivocase... Años después -y esta es una segunda anécdota-, cuando hizo un telescopio e invito a los profesores a mirar los satélites de Júpiter, estos rehusaron, exponiendo como motivo que Aristóteles no había mencionado dichos satélites y que, por tanto, cualquiera que pensase que los veía tenía que estar equivocado... Hasta aquí las anécdotas relatadas por Russell.

Un ejemplo mas reciente -y por eso más oscurantista y retrogrado- del uso de la autoridad para descalificar una formulación científica es la «condena» de la teoría de la herencia apoyada en las leyes de Mendel. Esta condena fue decidida por otro pontífice (José Stalin), de otra iglesia (el partido comunista de la URSS), quien, apoyado en los Libros Sagrados (textos de Marx, Engels, Lenin y Stalin), que contienen la verdad integra y definitiva, considero que las teorías de Mendel eran una «reacción ideológica de la burguesía», que niega «las leyes objetivas del desarrollo de la materia». Felizmente, según la autoridad del partido, «versados en el método dialectico, los biólogos soviéticos han rechazado todas las deformaciones idealistas y mecanicistas de la noción de desarrollo de la vida y han puesto de relieve sus contradicciones fundamentales, verdaderas fuerzas motrices de la evolución de los organismos y de las especies».

Esta superación y descalificación de las teorías de Mendel, debida sobre todo a Lisenko, se logró gracias al «estudio de las obras de los clásicos del marxismo-leninismo». El dogmatismo de (la ciencia marxista-staliniana no tiene desperdicio en este punto) Lisenko, a partir del materialismo dialectico, «aporto -según la versión oficial del partido- un gran número de hechos experimentales que refutan enteramente el mendelismo y sus pseudo leyes».

Todos sabemos -porque se trata de hechos muy conocidos y de simple cultura general- que Lisenko no aportó ningún hecho y que, además de detener el desarrollo de la genética en la URSS, hizo asesinar a los científicos que no pensaban como él. (Igual que la inquisición en otros tiempos y a la descalificación que se hace hoy con cualquiera que piensa diferente al sistema dogmático)

Hoy a nadie se le ocurre, en el campo de la física, de la química o de la biología -para no indicar sino algunas ciencias- utilizar argumentos de autoridad o hacer interpretación de dogmas científicos para dirimir una discusión científica; la verificación empírica y la práctica son los únicos jueces, aunque solo sean provisionales, de las cuestiones científicas. Sin embargo, en el campo de la investigación bíblica, existe esta forma de subdesarrollo racional, que es el apelar a los argumentos de autoridad. En el fondo, es una manera de recubrir, con ortodoxia dogmática, la propia indigencia cultural y el bajo nivel intelectual.


Cuestionario:

¿Cuáles son los elementos que un estudiante de las escrituras debería tener en cuenta  para hacer una correcta investigación bíblica?

¿Conoce usted personalmente algún argumento de autoridad que se utilice para manipular a los creyentes?

¿Cree que es posible aplicar un método racional a la investigación bíblica, o hay que interpretarla desde la perspectiva tradicional?

¿Podría explicar en sus propias palabras en que consiste el provincialismo intelectual?

¿Le gustaría  participar en la creación de un método de estudio histórico-racional de las escrituras, fundamentado en la realidad contextual hebrea?

Exprese, por favor, sus respuesta y opiniones en el espacio del grupo, agradezco sus comentarios.


Shalom

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