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lunes, 12 de enero de 2015

Las Fuentes que dieron origen a la Toráh

Shalon Javerim:

Un análisis del origen de las escrituras hebreas


ESTE ARTÍCULO ES UN ANALISIS DEL LIBRO “QUIEN ESCRIBIÓ LA BIBLIA” DE RICHARD ELLIOTT FRIEDMAN ADAPTADO POR ANDROS YAHOEL


La gente estudia la Biblia por una amplia variedad de razones. Unos buscan una guía espiritual o moral en su pozo de sabiduría. Muchos otros la leen por sus narraciones y poesías, entre las más bellas de toda la literatura. Incluso hay quienes la leen como relación de nuestras raíces culturales. Y aún otros por la visión que nos ofrece sobre la vida y obras de las personas en las civilizaciones antiguas.

Para millones de personas, sin embargo, la Biblia es la infalible palabra de Dios, por lo que sus mandamientos deben ser obedecidos con reverencia y sus enseñanzas deberían ser la guía principal para nuestra organización social. Pero para aquellos que estudian la Biblia de forma académica con el propósito de determinar quién la escribió, cuándo, qué hechos son ciertos y cómo llegó a adoptar su forma actual, el trabajo es una compleja colección de enigmas, muchos de los cuales todavía han de ser resueltos.

Una significativa parcela de estudio se preocupa por el desarrollo de los cinco primeros libros de la Biblia, a saber: B’reshit (Génesis), Sh’mot (Éxodo), Vaycra (Levítico), Badmidbar (Números) y D’varim (Deuteronomio), conocidos colectivamente como Pentateuco (palabra griega que significa «cinco rollos») o Tora (palabra hebrea que significa «enseñanzas»). También es conocido como Jumash.

Colectivamente, explican la historia de Israel desde el inicio de la Creación a las andanzas por el desierto tras el Éxodo de Mitzrayim. Son importantes porque nos explican cómo se desarrolló la relación entre Dios e Israel. El primer foco de atención se centra en el establecimiento de una alianza entre Dios y los primeros patriarcas, Avraham, Yitzhak, Yaacov y Yosef; más adelante, el foco de atención se dirige a la relación entre Dios y Moshe. La historia narrada en estos libros finaliza con la muerte de Moshe mientras Israel está preparándose para llegar a la Tierra Prometida.

Aunque en estos cinco libros no se encuentran referencias a la autoría de Moshe, desde el tiempo en que pasaron a manos de los lectores, hace más de dos mil años, hasta mediados del siglo diecinueve, ha sido casi universalmente admitido por los estudiosos de la religión que era su único autor. Por esta razón, aún se identifican estos volúmenes como «Los cinco libros de Moshe».

Con el paso de los siglos, y a pesar de la agresiva oposición de las diferentes iglesias, un puñado de estudiosos señaló una serie de inconsistencias lógicas en la idea de la autoría mosaica de estas obras. Por ejemplo, en Deuteronomio 34, 6 encontramos: «Y él lo enterró (a Moshe) en un valle dela tierra de Moab, frente a Bet-Peor: pero nadie ha sabido de su sepulcro hasta el día de hoy».

Este episodio no sólo describe el entierro de Moshe, sino que también nos dice que el paradero de su tumba es desconocido hasta el día de hoy, indicando que el pasaje se escribió bastante después de la muerte de Moshe y no pudo ser escrito por él.

A principios del siglo XVIII, varios estudiosos empezaron a prestar atenciónal problema de los «dobletes», dos narraciones contradictorias del mismo suceso. Hasta un lector casual puede encontrar muchos ejemplos de ello: dos relatos diferentes de la Creación, dos listas diferentes de los animales que entraron en el arca de Noaj, dos explicaciones diferentes de por qué cambió Yaacov  su nombre a Israel, dos diferentes ocasiones en las que Moshe hace brotar agua de una roca en Meribá, y muchas más.

Cuando estos dobletes se sometieron a escrutinio, los estudiosos descubrieron unas características inusuales. La más importante era la siguiente: un grupo de historias siempre utilizaba la palabra hebrea Yahvé como nombre del Dios hebreo, mientras que otro utilizaba Elohim. Se dispusieron entonces a clasificar las narraciones según el nombre utilizado y descubrieron que las narraciones de un grupo tenían temas y estilos literarios diferentes de las del otro.

Esta división por estilo, temas y nombre condujo a la idea de que habían por lo menos dos corrientes literarias separadas que se combinaron en un solo documento, y que por lo menos una debía haber sido escrita después del tiempo de Moshe y por lo tanto, por otra persona.

LA HIPÓTESIS DOCUMENTAL


Esta línea de investigación condujo a un descubrimiento todavía más sorprendente.

A principios del siglo XIX, el análisis de los marcos temporales históricos, las secuencias de las narraciones, los estilos literarios y los temas religiosos mostró que había por lo menos cuatro fuentes documentales diferentes integradas en los cinco libros de Moshe, cada una con sus propios puntos de vista subyacentes y escritos en momentos diferentes. Y, por supuesto, debía haber por lo menos un editor que combinase las fuentes en una sola narración.

Durante el siglo XIX, los defensores de este punto de vista, el más influyente de los cuales fue Julius Wellhausen (1844-1918), empezaron a investigar las capas y secuencias de estas cuatro fuentes, y al final del siglo habían establecido un marco general para el estudio del Pentateuco. Esta tesis de las fuentes múltiples es conocida como hipótesis documental y es casi imposible encontrar un estudioso hoy en día que no acepte alguna variedad de esta propuesta.

En términos generales, la hipótesis documental mantiene que hay cuatro fuentes principales de documentos en los cinco libros y que estas fuentes pasaron por estadios evolutivos antes de integrarse en una única narración.

Estas cuatro fuentes han recibido los sobrenombres de J, E, P y D. Cuando hablamos del autor de alguna de ellas hay que tener en cuenta que cada fuente puede haber sido una colaboración a lo largo del tiempo de escritores o escuelas de escritores. Las siguientes descripciones deberían tomarse sólo como guías introductorias a las cuatro fuentes. Hacer la debida justicia a todos los temas y características distintivas asociadas a cada una ocuparía un volumen extenso.

LA FUENTE J


La J del nombre se refiere a la utilización del nombre hebreo «Yahvé» (Jehová) para referirse a Dios. También se la conoce como la fuente o redacción jehovahista (o yavhista). Originalmente, la fuente J presentaba una historia general de Israel que empezaba con la narración de la Creación, Adam y Heve y el diluvio, y continuaba por todo el periodo patriarcal hasta llegar al Éxodo de Mitzrayim y las andanzas por el desierto. Algunos estudiosos creen que originalmente la historia de la fuente J seguía hasta los tiempos de los reyes David y Shlomo y que partes de J aparecen, además de la Toráh, en otros libros históricos de la Biblia, como el de Yeshua, los dos libros de Shemuel y el primer libro de los M’lejim.

La deidad de J exhibe muchas características antropomórfícas, interacciona físicamente con los seres humanos y muestra sus emociones y reacciones ante los acontecimientos. Asimismo centra su atención en hechos y lugares de importancia para el reino de Yehudah bajo el rey David y sus sucesores. En esta fuente, la alianza entre Elohim y la casa de Israel acaba en las manos de Yehudah, el cuarto hijo de Yaacov  y fundador de la tribu de Yehudah, a la que pertenecía David, La fuente J se centra también más en tos patriarcas que en Moshe.

El origen de J puede situarse en una época tan temprana como la época del rey David (principios del siglo X a.C.), pero como muchos de sus temas reflejan el conflicto entre Yehudah e Israel después de la muerte de Shlomo, su origen puede situarse con mayor probabilidad en algún momento después de la separación entre Yehudah e Israel (finales del siglo X a.C.)y antes de la conquista y destrucción de Israel en el año 72 a.C.

LAS FUENTES E Y S.


En los primeros estadios de la investigación sobre los orígenes documentales de la Toráh, la fuente elohista, conocida como E, incluye las narraciones que usan la palabra Elohim como nombre de Dios. Un análisis detallado muestra que, en realidad, E consistía de al menos dos fuentes separadas de documentos que usaban Elohim para identificar a Dios pero que presentaban puntos de vista muy diferentes. La segunda fuente incrustada en E se preocupa fundamentalmente de los rituales y otros temas sacerdotales, con las fechas, medidas y números. A causa de su atención por estos temas recibió el nombre de fuente S o Sacerdotal.

Mientras que la deidad de E exhibe características antropomórfícas similares a las de J, la deidad de S es amorfa, distante y fría. La deidad antropomórfíca sostiene discusiones con los humanos; la deidad de S no realiza tal interacción.

Por lo general, se acepta que E es más antigua que S pero quizás más moderna que J. La fecha más probable de composición sería antes de la conquista asiría. El escritor elohista centra su atención en temas del reino de Israel y da versiones de hechos históricos contrarias a las de J. En E, por ejemplo, la alianza entre Elohim e Israel pasa de Yaacov  a Yosef y a Efrayím, cuyo territorio sirvió de capital a Israel después de la división de los dos reinos hebreos. E propone con fuerza a Moshe como héroe nacional y centra su atención en sus actos más que en los acontecimientos del periodo patriarcal anterior. E se preocupa menos por la ortodoxia religiosa que J o S. La historia de E se inicia en el periodo patriarcal después del diluvio y no dice nada sobre la Creación.

Muchos de los dobletes de E y J reflejan las guerras de propaganda religiosa y política entre Israel y Yehudah después de la división de ambas naciones. Yehudah creía en una centralizada fuerte que gobernara desde la capital de Yerushalaim, con un rey que ejerciera de monarca fuertemente autoritario. E, que englobaba una coalición de varios estados que, teóricamente, englobaban diez tribus, prefería un sistema altamente descentralizado en lo político y lo religioso. El autor de E era probablemente un sacerdote-levita descendiente de Moshe. Muy probablemente procedía del centro de culto de Shilo, que se alió con Israel cuando éste se separó de Yehudah.

Mucho antes de que la Toráh alcanzara su forma actual, un editor intermedio combinó J y E en una única narración que omitía porciones de ambos.

La fuente S, además de su visión diferente de la deidad, se distingue de las demás por su asociación con la rama aaronita del sacerdocio. La Biblia retrata a Ajarón y Moshe como hermanos de la tribu de Leví y uno de los conflictos que preocupa a la Biblia es si sólo los aaronitas o todas las ramas de la tribu de Leví deberían desarrollar las principales funciones sacerdotales del templo. S tiende a privilegiar a Ajarón frente a Moshe y defiende que sólo la rama aaronita de los levitas debería realizar las principales funciones del templo. Esto sugiere que el autor sacerdotal pertenecía a una secta levita que operaba en Yerushalaim, con un conocimiento íntimo de todos los rituales y características del templo de Yerushalaim.

Al igual que J, S empieza con el relato de la Creación. Aunque nada tiene que decir sobre Adam y Heve o los acontecimientos del Jardín del Edén, hace contribuciones a la narración del diluvio.

Con la caída de Israel en el 722 a.C., muchos de sus ciudadanos emigraron hacia el sur, llevando a Yehudah nuevas presiones políticas y religiosas. Los  Cohanim refugiados llevaron consigo el punto de vista de la versión E, la que propone a Moshe como héroe y sostiene que todos los levitas son iguales.

Esto era un desafío a la autoridad de la rama aaronita de Leví, y el origen de P puede situarse en un esfuerzo para reforzar su autoridad apelando a las tradiciones históricas. Probablemente, la fecha de composición de S se sitúa entre la conquista asiria y la conquista babilonia de Yehudah en el 587 a.C.

LA FUENTE D


D toma su nombre del Deuteronomio, que virtualmente no contiene trazas de las otras tres fuentes al igual que no aparecen trazas de D en los otros cuatro libros del Pentateuco. Refleja los puntos de vista reformistas del rey Yoshiyahu, a finales del siglo V a.C. y empieza con la historia de Moshe. Yoshiyahu, si se puede confiar en el texto bíblico, inició grandes reformas religiosas de tendencia ortodoxa, reinstaurando un gobierno político y religioso altamente centralizado. El libro segundo de los M’lejim declara que la Ley de Moshe se había perdido y los ayudantes de Yoshiyahu la encontraron accidentalmente en alguna parte remota del templo. Al leer los documentos descubiertos, Yoshiyahu quedó sorprendido al averiguar que el reino se había apartado del camino correcto. Como reacción, dispuso una serie de reformas para reconducir al reino según las leyes acabadas de descubrir. Este libro perdido de las leyes sería el libro del Deuteronomio y si fue escrito en tiempos de Yoshiyahu, puede datarse en torno al 622 a.C.

El análisis de las fuentes muestra que el Deuteronomio pertenece a un grupo mayor de obras que incluye los libros bíblicos de Yeshua, los dos de Shemuel y los dos de los M’lejim y relata la historia de los hebreos desde Moshe hasta el Cautiverio de Babel. Esta colección de libros históricos de la Biblia se conoce como la «historia del Deuteronomio» que junto con los cinco libros de T’hilim conformaría la Tanaj original; y narra la historia de Israel desde los tiempos de Moshe (h. 1300 a.C.) hasta los del rey Yoshiyahu (h. 622 a.C.).

El tema predominante del Deuteronomio y las historias relacionadas con él es la obediencia a Hashem. Se juzga al pueblo y a sus reyes según su acatamiento de las leyes establecidas en la fuente D. De forma inevitable, todos los reyes israelitas fallan esa prueba y sólo un puñado de reyes de Yehudah, entre ellos David y Yoshiyahu, reciben un juicio positivo.

LA TABLETA ASIRÍA DEL DILUVIO


La hipótesis documental es sólo una forma importante de investigar los orígenes de la Biblia. Su atención se dirige al interior del libro, se preocupa solamente del texto. Examina el estilo literario, los temas, el lenguaje y las capas de edición para dividir la Biblia en fuentes documentales. Estas técnicas han demostrado que muchos otros libros de la Biblia, aparte de la Toráh, combinan múltiples fuentes, aunque diferentes de las de los cinco primeros libros.

Otra pregunta importante es la siguiente: ¿Qué ideas exteriores influyeron en los autores de J, E, S y D? Cuando J o P hablan de la Creación o el diluvio, por ejemplo, ¿sus ideas son propias y únicas de los autores bíblicos o éstos confían en ideas provenientes de las culturas vecinas? A pesar de las diferencias entre fuentes en las narraciones sobre los patriarcas y del Éxodo, ¿las narraciones básicas describen acontecimientos históricos o son cuentos y leyendas adaptadas con fines propagandísticos o de otro tipo? Después de todo, el antiguo Israel vivió en la confluencia de tres grandes corrientes culturales (la egipcia, la cananea y la mesopotámica) con tradiciones históricas y literarias más antiguas y substanciales.

La historia bíblica afirma que Israel habitó durante largo tiempo en Mitzrayim durante sus estadios formativos. Constantemente, la Biblia castiga a Israel por sucumbir a las influencias kenanitas. Antes de que la Biblia adquiriera su forma definitiva, la élite educada de Israel vivió un exilio forzado en Babel y, un siglo después, bajo el dominio más benévolo de los Paras una vez éstos derrotaran a los Babli, los líderes hebreos fueron liberados.

Cualquier intento de los S’ferim cultos hebreos de construir su propia historia del mundo, desde la Creación hasta el momento de la escritura de cualquier fuente documental, debería tener en cuenta lo que sus vecinos habían dicho sobre los mismos tiempos y lugares, porque las narraciones de los vecinos eran bien conocidas y tenían amplia circulación. Eran las narraciones que creían las personas más educadas de aquella época.

El 3 de diciembre de 1872, esta cuestión pasó a primer plano de los estudios bíblicos. En esa fecha, un asiriólogo de nombre George Smith leyó una conferencia ante la Society of Biblical Archaeology. Había estado investigando entre miles de tabletas y fragmentos procedentes de la biblioteca asiría del rey Asurbanipal, del siglo VII a.C. En lo que se conoció después como la «Tableta XI» del poema épico de Gilgamesh, escrita en acadio, una lengua semítica más antigua que el hebreo, había descubierto una narración del diluvio con remarcables paralelos con el relato bíblico.

Aunque era politeísta, mientras que la Biblia era monoteísta, explicaba básicamente el mismo cuento. Los dioses se habían enfadado con la humanidad y habían decidido destruir la raza humana con un diluvio. Una de las deidades advirtió a un amigo humano de nombre Utnapishtim y le ordenó construir un arca y prepararse para el día fatídico. Cuando las lluvias se iniciaron, Utnapishtim condujo a su familia, a una serie de animales y a unos artesanos a la barca. Cuando las lluvias cesaron y las aguas se retiraron, Utnapishtim soltó tres pájaros en diferentes momentos para averiguar si era seguro salir del arca. Finalmente la barca embarranca en la cima de una montaña. Al igual que en la Biblia, después del diluvio, los dioses se arrepienten de sus actos contra la humanidad.

La estructura de la narración asiría es paralela en términos generales a la narración bíblica; pero el detalle de soltar sucesivamente los tres pájaros, cosa que también sucede en la narración de Noaj, es una coincidencia tal que no puede sino hacernos pensar que las dos historias comparten una fuente común.

Pero ambas narraciones también presentan múltiples diferencias. En el relato asirio el diluvio es más breve, las dimensiones del arca son diferentes, el número de personas y animales que en ella se transportan varían significativamente, las barcas no embarrancan en la misma montaña, los héroes tienen nombres diferentes y el dios que envía el diluvio no es el mismo que ordena a Utnapishtim construir el arca. Aunque la diferencia más importante es que el texto bíblico no toma prestado ninguno de los pasajes narrativos del texto asirio.

Por lo tanto, tenemos por un lado una estructura similar que parece ir más allá de la coincidencia y por el otro una amplia variación en los detalles de la historia que llegan tan lejos que parecen sugerir la existencia de dos fuentes totalmente diferentes. Sin embargo, el descubrimiento produjo una avalancha de estudios sobre asiriología dirigidos a las comparaciones bíblicas. Con el tiempo, se descubrieron otras versiones de la misma narración del diluvio en otros textos babilónicos de otras sociedades, algunas de las cuales eran anteriores al texto bíblico. Finalmente, en una coincidencia más que remarcable, una lista de reyes del siglo IV a.C., una corrupción de una lista de reyes sumeria (anterior a Babel) que se databa en el 2000 a.C., situaba el diluvio universal durante el reino del décimo rey que gobernó la humanidad, mientras que el diluvio bíblico ocurría en la décima generación después de la Creación.

¿Corroboran la historias mesopotámicas del diluvio, escritas antes de la narración bíblica, la opinión de ésta última de que existió un diluvio universal o muestran que los autores bíblicos se apropiaron de y adaptaron mitos y leyendas preexistentes para sus propósitos? Es ésta una cuestión que aparece una y otra vez en otras partes de la Biblia a medida que vamos descubriendo otras literaturas antiguas con historias paralelas.

NOTAS A PIE DE PÁGINA BÍBLICAS


Mucha gente cree que la Biblia fue escrita por inspiración divina, pero muchos autores bíblicos citan obras de referencia específicas en las que confiaban para escribir sus obras y muchos otros citan pasajes de otros libros de la Biblia. De hecho, estas referencias serían el equivalente a las notas a pie de página. Por desgracia, aún no se han encontrado copias de los libros citados que no pertenecen a la Biblia, por lo que no podemos evaluar la calidad de la investigación ni la fiabilidad de las fuentes. Presentamos a continuación una lista de fuentes citadas por los autores bíblicos:
1. Libro de las Generaciones de Adán (Gn 5,1)
2. Libro de la Alianza (Ex 24, 7)
3. Libro de las Guerras del Señor (Nm 21,14)
4. Libro de Yasher (o de los Justos) (Jos 10,13; 2 Sm 1,18)
5. Libro de la Ley de Dios (Jos 24, 26)
6. Libro de los Hechos de Shlomo (1 Re 11,41)
7. Libro de las Crónicas de los M’lejim de Israel (IRe 14, 19 y otras nueve citas)
8. Libro de las Crónicas de los M’lejim de Yehudah (1 Re 14,29 y otras catorce citas)
9. Libro de los M’lejim de Israel y Yehudah (1 Cr 9,1 y otras tres citas) 10. Libro de Shemuel el Vidente (1 Cr 29, 29)
11. Libro de Natán el Profeta (1 Cr 29, 29; 2 Cr 9, 29)
12. Profecía de Ahíyahu el Silonita (2 Cr 9, 29)
13. Visiones de Iddo el Vidente (2 Cr 9, 29)
14. Libro de Gad el Vidente (1 Cr 29, 29)
15. Libro de Shemíyahu el Profeta (2Cr 12, 15)
16. Historia del Profeta Iddo (2 Cr 13, 22)

Examinar algunas de estas citas puede darnos una idea de cómo algunas partes de la Biblia llegaron a ser escritas.

EL «LIBRO DE YASHER»


La Biblia hace dos referencias al libro de Yasher (o de los Justos), una en Yeshua y la otra en el segundo libro de Shemuel. La primera describe un incidente en el que Yeshua ordena al Sol y la Luna que se detengan. La segunda, que introduce un lamento de David por la muerte del rey Shaul, nos dice que David enseñó a los hijos de Yehudah cómo utilizar el arco. Más de trescientos años separan ambos acontecimientos.

Esto nos indica que el libro de Yasher fue escrito antes de los tiempos del rey David, a pesar de lo cual incluye una descripción de un suceso atribuido a Yeshua trescientos años antes. ¿De dónde obtuvo la información el autor del libro de Yasher? ¿Tenía su autor fuentes fiables o se limitó a recoger cuentos y leyendas de un periodo anterior? ¿Era un trabajo histórico o una colección de poemas? Como todavía hemos de encontrar una copia de esta obra, no podemos siquiera asegurar que Yeshua y David aparecieran en el texto original; el autor (o autores) de las dos referencias a Yasher puede haber reemplazado los personajes originales por los dos héroes bíblicos.

LOS «HECHOS DE DAVID»


La historia de David aparece principalmente en los dos libros de Shemuel, con algún material adicional en el primer libro de las Crónicas, gran parte de la cual es repetitiva y se añade a la historia de David. El autor del primer libro de las Crónicas, sin embargo, cita tres fuentes de los hechos de David: los libros de Shemuel el Vidente, Natán el Profeta y Gad el Vidente.

Shemuel el Vidente es con certeza el Shemuel del que toman el nombre los libros de Shemuel, y Natán el Profeta es probablemente el Natán de la corte del rey David que criticó a éste por ocultar que había hecho asesinar al marido de Betsabé para ocultar su relación con ella. Finalmente, Gad el Vidente debe ser el mismo Gad el Vidente que aconsejó a David en varias ocasiones.

Juntas, estas tres referencias sugieren que los libros de Shemuel tal como los conocemos son una amalgama de varios libros anteriores, tres de los cuales se citan aquí y sobrevivieron hasta el tiempo del autor de las Crónicas en el siglo IV a.C. o más tarde.
  

LA PRIMERA FUENTE MENCIONADA ES EL LIBRO DE SHEMUEL EL VIDENTE.


En Shemuel, el personaje que da título al libro parece estar basado en dos individuos. Uno es Shemuel el Juez, que continúa la tradición de los jueces en Israel y proporciona una guía militar y religiosa. Este Shemuel está en contra de la institución de la monarquía. El otro Shemuel es un profeta o vidente que apoya la monarquía y sirve para validar la autoridad real de David de Yehudah frente a Shaul de Binyamim. Las imágenes de los dos individuos son inconsistentes.

La referencia al libro de Shemuel el Vidente puede ser a todo el corpus de Shemuel tal como nos ha llegado o a la obra fuente que inspiró la parte de Shemuel que apoya la monarquía. El hecho de que el autor de las Crónicas cite otras dos fuentes sobre David sugiere esto último.

El Profeta Natán es un personaje importante en la historia de David y juega un papel clave en la sucesión de Shlomo como heredero al trono de David. Los libros de Shemuel contienen mucha información sobre Natán, pero aún debe recuperarse el perdido libro de Natán el Profeta. Lo más probable es que quienquiera que escribiera los libros de Shemuel utilizase en parte como fuente a Natán el Profeta y que esta fuente continuase circulando después de la aparición de Shemuel.

Para finalizar, tenemos otro libro perdido. Al no disponer de una copia del libro de Gad el Vidente, no podemos calibrar su influencia en la historia bíblica. Sin embargo era lo bastante importante para ser citado por el autor de los libros de las Crónicas.

Este grupo de obras demuestra que circulaban varias narraciones sobre el rey David y que autores posteriores rebuscaron en los textos para apoyar sus particulares puntos de vista. Que los libros de Shemuel fueran canonizados y no lo fueran los de Natán el Profeta o Gad el Vidente es más un accidente de la historia que el resultado de la inspiración divina.

LA DIVISIÓN ENTRE ISRAEL Y YEHUDAH


La separación de Israel y Yehudah a la muerte de Shlomo es uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia bíblica y las guerras propagandísticas entre las dos partes en conflicto afectó en gran manera la forma en que se escribió la historia del pueblo hebreo. Como ya hemos visto al hablar de la hipótesis documental, gran parte del material de las fuentes del Pentateuco reflejaba los puntos de vista de las diferentes facciones políticas y religiosas que se vieron afectadas por la división.

Como en el caso de David, parecen existir varias historias sobre el rey Shlomo y los acontecimientos que condujeron a la guerra civil que siguió a su muerte. El autor del primer libro de los M’lejim, por ejemplo, cita el libro de los Hechos de Shlomo. El autor del segundo libro de las Crónicas cita también numerosas fuentes sobre la historia del reinado de Shlomo y la separación que la siguió. Asimismo, también se cita el libro de Natán el Profeta, junto con otras obras, como la Profecía de Ahíyahu el Siloníta, las Visiones de Iddo el Vidente y el libro de Shemíyahu Profeta.

Al igual que sucede con otros libros no bíblicos, no se han encontrado estas referencias, pero Ahíyahu, el profeta de Shilo, aparece en el primer Libro de los M’lejim para realizar una profecía. En este episodio, anima a Jeroboam a separar Israel de Yehudah. A causa de su profecía, Shlomo intenta matar a Jeroboam, pero éste huye a Mitzrayim. A la muerte de Shlomo, Jeroboam volvió a Israel para liderar con éxito el movimiento secesionista que separó Israel de Yehudah.

Que obras como la Profecía de Ahíyahu el Silonita sobrevivieran tanto tiempo a la destrucción del reino de Israel nos muestra las dificultades que encontró el reino de Yehudah para eliminar la historia negativa de su gobierno y por qué sobrevivió en la historia bíblica una oposición tan fuerte al reino de Yehudah.

LOS ANALES


Además de varios libros sobre individuos en particular, como Natán, Gad, Ahíyahu e Iddo, algunos escritores bíblicos también confiaron en los informes oficiales de las monarquías. La cita de obras como el libro de las Crónicas de los M’lejim de Israel y el libro de las Crónicas de los M’lejim de Yehudah sugiere la existencia de anales reales, una forma en que los funcionarios del Próximo Oriente documentaban los sucesos de los remados sobre una base anual.

Estas «notas al pie» bíblicas muestran la variedad de los materiales en los que confiaron los escritores bíblicos y cómo se manejaron editando los materiales disponibles para conseguir su propósito. A este grupo de referencias específicas de la Biblia habría que añadir otras fuentes, como los mitos y leyendas de otros pueblos del Próximo Oriente, que circulaban ampliamente y con los que los S’ferim hebreos debían estar familiarizados.

Al considerar el efecto de estos materiales extra bíblicos en los escritores de la Biblia, deberíamos tener en cuenta que los pueblos antiguos no pensaban en estos mitos y leyendas en términos de verdad o mentira. Creían que las narraciones conservaban verdades históricas, y aunque uno pudiera o no creer en un dios o en otro como agente responsable, podía seguir creyendo que el suceso relatado había ocurrido en realidad.

Las leyendas sobre los nombres de lugares nos proporcionan numerosas ilustraciones de cómo se crearon historias falsas, y la Biblia contiene numerosos relatos de este estilo. Una de las más corrientes consiste en la invención de un antecesor que tenía el mismo nombre que el territorio que ocupaba el pueblo y por lo tanto era el fundador del pueblo que habitaba esa tierra. Otro motivo común era encontrar una característica destacada de un lugar especial, como una formación rocosa graciosa o un pozo escondido y crear una leyenda sobre la formación de esa característica. Estas historias se repetían de generación en generación hasta que un relato para entretener se convertía en verdad histórica.

SOBRE LA TERMINOLOGÍA


Si no se indica, cuando me refiero a la Biblia, estoy hablando de la traducción inglesa del rey Jacobo, conocida como King James Versión, que en castellano se conoce como Biblia de Jacobo I o Biblia del rey Jacobo, de 1611. Los mitos sobre los que diserto en el presente libro están basados en esa traducción.

Cuando se escribe sobre el antiguo Mitzrayim, siempre surge el problema de cómo transliterar los nombres. Los egiptólogos han encontrado la manera. La principal dificultad es la falta de vocales del antiguo egipcio. Esto conduce a que según el autor una deidad reciba en inglés el nombre de «Amen», «Amun», e incluso «Amon». En castellano, diremos siempre Amón.

El griego es otro problema. Los primeros egiptólogos obtuvieron abundante información de los clásicos griegos, que transliteraban los nombres egipcios a su propio idioma. Como éstas eran las primeras versiones de los nombres conocidos, muchos egiptólogos continuaron, y continúan, utilizándolos. Así, por ejemplo, los famosos constructores de pirámides de la cuarta dinastía, Khufwey, Khane y Menkaure, son más conocidos en su adaptación griega, es decir, Keops, Kefrén y Micerinos.


En este libro, adopto la transliteración de Sir Alan Gardiner en su Egypt of the Pharaons. Si hago una cita de la obra de otro autor, admito la transliteración del autor [en castellano se hará servir la versión más común de los nombres propios en esta lengua].

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