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viernes, 16 de enero de 2015

Israel un pueblo singular

Shalon Javerim:


 En el año 1759 Federico II llamado el Grande, rey de Prusia, en dialogo sostenido con Jean Batiste Du Boyer, Marqués de Argens, le preguntaba: “¿Puede usted citarme una sola prueba de Dios que no haya sido desmentida?” “Sí, majestad,- respondió- ¡los judíos!”

El anterior dialogo demuestra de forma de forma categórica la singularidad del pueblo judío. Ningún otro pueblo ha sufrido una historia como la de los descendientes del pueblo del Libro en su dispersión.

El escenario del curso, según por su destino, es la tierra entera, desde el próximo oriente, desde Egipto y África hasta Europa y América, así como India y China. Igual que en el tiempo bíblico, después de su expulsión de la tierra de los patriarcas, cuando su “casa de servicio” fue el mundo entero, el pueblo judío tuvo que sufrir nuevamente las más duras pruebas.

Solamente unas pocas horas felices interrumpen las épocas del más profundo dolor, pero a pesar de tantos sufrimientos y miserias, sin Estado ni tierra propia, sin protección, sin poder y sin justicia, este pueblo lo resiste todo, todas las tormentas y catástrofes, firme en su fe en el Eterno, que las amenazas de muerte no logran debilitar. Y sobrevive a todo.

Despreciado y perseguido, en el transcurso de los siglos da a los pueblos de la tierra sus grandes contribuciones y rendimientos culturales, en el siglo I antes de la era común, Apolonio, escritor latino, afirmaba que los judíos eran los menos dotados de todos los hombres y que por ello no habían contribuido con ningún invento al progreso de la civilización. De igual forma Cicerón se reía del Elohim de Israel diciendo que “debía de ser un Elohim muy pequeño pues le dio una tierra tan pequeña como nación.”

 Tácito llamaba a los hijos de Israel “seres repulsivos e imbéciles” sin embargo, ese pueblo despreciado u odiado por todos, ha ofrecido a la humanidad la más pura visión de la unidad de Elohim y ha enseñado a los pueblos de la tierra la adoración pura, libre de superstición e idolatría. Tanto el Islam como los conceptos filosóficos de la moral cristiana han bebido de las fuentes judías.

¿Que seria de la civilización sin el aporte de los judíos?. Y ¿Qué sería de los cristianos y los musulmanes si no hubiera existido el pueblo de Israel? ¿Acaso no proceden de las entrañas de ese pueblo singular. Grandes pensadores y científicos, como Spinosa, Marx, Freu y Einstein? ¿No es el descubridor de la vacuna Pasteur y los esposos Curie de raza judía? Quitemos a los judíos del panorama mundial y este se sumiría en la barbarie y la superstición.

Hijos de Israel, la historia de los judíos es la historia de un pueblo singular, un pueblo fuera de los común, al que no se parece ningún otro pueblo de la tierra. Envuelto en un profundo secreto divino. Figura entre los grandes misterios del acontecer histórico. Pues a este pueblo se le ha manifestado el creador del universo.

Su existencia actual, tras largos tiempos de las más terribles persecuciones es el mayor milagro. Los grandes imperios del pasado nacieron y desaparecieron inevitablemente. Egipto, Babilonia, Asiria, medos y persas, griegos y romanos han dejado de existir. Razas enteras ya no son mas, su poder, su soberbia, todo su esplendor han sido sumidas en el polvo de la tierra, solo son un débil recuerdo en la mente del hombre moderno. Pero los judíos todavía estamos aquí, mas fuertes que nunca. ¡El milagro judío vive aún! Y ¿Por qué? ¿Por qué somos mejor que los demás? !No¡ ¿Por qué somos mas fuertes? ¡No! ¿Qué es entonces lo que nos mantiene hasta el día de hoy? ¿Cuál es la fuerza que dinamiza nuestra existencia? ¿Qué misterio sostiene vivo a los hijos de Israel, a pesar del odio y a la destrucción a la que han sido sometidos por todos los imperios de la tierra?

Egipto no hizo esclavos durante mas de cuatrocientos años, Asiria extermino a las diez tribus de Israel, Babilonia destruyó el Templo de Salomón y llevo cautivo al pueblo a sus dominios, los griegos dominaron a los judíos que regresaron a Eretz Israel en tiempos de Esdras. Luego los romanos invadieron nuestra heredad, profanaron el segundo Templo y dispersaron a nuestros padres a todas las naciones del globo, desde entonces hemos vagado por la tierra como fugitivos, con temblores, con lagrimas, con sudor y sangre hemos vivido entre los gentiles (goim) odiados y masacrados sin misericordia, cristianos y musulmanes nos han convertidos en sus victimas. Hemos tenido que huir de Europa, Asia y de todos los lugares en donde habíamos buscado refugio. Y por último la Alemania Nazi asesinó a seis millones de nuestros hermanos. Pero y después de siglos de exilio los judíos regresamos a Eretz Israel y el día 14 de mayo de 1948 proclamamos la independencia del estado de Israel. ¿Pero, por qué? ¿Por qué hemos sobrevivido a siglos de destrucción? La respuesta a todos estos interrogantes no la da el eterno mismo: Yesayahu, profeta del eterno afirmó setecientos años antes de Era común que el Altísimo, bendito sea, “Levantará una señal para las naciones y reunirá a los israelitas que estaban desterrados; juntará desde los cuatro puntos cardinales a la gente de Judá que estaba dispersa.” (Yesayahu 11:12), así mismo Yermiyahu dice: “que el Señor dijo, Y yo mismo traeré el resto de mis ovejas de los países adonde las hice huir, las reuniré y las haré volver a sus pastos, para que tengan muchas crías” (Yermiyahu 23:3) Así que la permanencia y la restauración de Israel no es el producto de alguna cualidad especial de la sangre judía sino de la misericordia del Eterno, por eso el profeta dijo: “Si el Señor Todopoderoso no hubiera dejado a unos cuantos de nosotros, ahora mismo estaríamos como Sodoma y Gomorra.” (Yesayahu 1:9.)

Pero el Eterno había jurado a nuestro padre Abraham, cuando le dijo: por mi mismo he jurado, dice Adonai de cierto te bendeciré y multiplicare tu descendencia como las estrella del cielo y como las arenas del mar (Bereshit 22:15,18) y estableceré mi pacto entre mi y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones por pacto perpetuo, para ser tu Elohim y el de tu descendencia después de ti, (Bereshit 17:7) y Elohim no es hombre para mentir o hijo de hombre para arrepentirse (Badmidar 23:19) La existencia misma de los judíos es una prueba irrefutable del Pacto y de la soberanía y realidad del Eterno, por ello dice “El Señor afirma: “Yo lo anuncié y lo proclamé: yo los he salvado; no lo hizo un dios extraño, y ustedes son mis testigos. Desde siempre, yo soy Elohim. Nadie puede librar de mi poder Nadie puede deshacer lo que yo hago” (Yesayahu 43:12)

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